viernes, 9 de mayo de 2008
SUDOESTE BONAERENSE: Una propuesta de desarrollo local
SUDOESTE BONAERENSE: Una propuesta de desarrollo local a través de
buenas prácticas agronómicas.
Autores:
Ing. Agr. (M. Sc.) Tomás Loewy y Med.Vet. (M. Sc.). Fernando Milano
EEA INTA Bordenave Univ. Nac. Del Centro. Tandil
Provincia de Buenos Aires
tloewy@bordenave.inta.gov.ar fmilano@vet.unicen.edu.ar
RESÚMEN
La producción agrícola es un tema de alta sensibilidad global. El SO de la Provincia de Buenos Aires acusa síntomas de desertificación social con deslocalización económica y degradación ambiental. En este panorama, los eslabones más vulnerables lo constituyen los pequeños y medianos agricultores. Esta ponencia no se enmarca dentro de un criterio de justicia o reparación, sino como una estrategia proactiva hacia el desarrollo regional, en armonía con metas provinciales y nacionales. El objetivo de la iniciativa consiste, en bonificar la adopción de buenas prácticas agronómicas en sistemas productivos, priorizados por su mayor contribución al desarrollo local endógeno, desde una visión territorial. Se proponen 13 prácticas agronómicas, 10 de las cuales serían bonificables, de acuerdo a coeficientes que reflejen el impacto productivo y ambiental. El desarrollo local demanda la permanencia y recuperación de la Agricultura Familiar, como elemento dinamizador del proceso. La promoción de estas unidades productivas implica un aporte inestimable al ordenamiento territorial y geodemográfico, con proyecciones a distintas escalas. Las buenas prácticas agronómicas -en ese contexto- además de estabilizar la producción, permiten mejorar los servicios ambientales, contribuyendo a los esfuerzos para instalar una nueva ruralidad, con valorización de la diversidad biocultural, el paisaje y la seguridad alimentaria.
1.-Introducción
La producción agrícola es un tema de alta sensibilidad global. En efecto, los estilos y modos productivos impactan directa e indirectamente sobre aspectos sociales, ecológicos, económicos, políticos y culturales. La puesta en escena de agro combustibles aportan un ingrediente crítico a la problemática actual, bajo el dudoso paraguas de su rol ambiental (Carlsen, 2007)[1].
En los últimos 10-20 años asistimos a un avance, hasta ahora incontenible, de un modelo productivo -heredero de la revolución verde- basado en el concepto de Agronegocio. Los efectos de este modelo son múltiples, pero los síntomas más evidentes se perciben en una caída dramática de la biodiversidad, del empleo y de la soberanía y seguridad alimentaria. Estas y otras externalidades, no menores, tornan altamente insostenible tal paradigma, en un marco de Desarrollo.
La Argentina es un laboratorio muy “didáctico” de estos procesos globales y el SO bonaerense, dentro de sus particularidades, también acusa los costos. Incluso se ha generado, en base a otros argumentos, un Proyecto de Desarrollo para esa zona (ley13647) a fin de atender desequilibrios provinciales. El instrumento se conformó a instancias del ex ministerio de Asuntos Agrarios de la Provincia, contando con alta representatividad institucional.
El área enfrenta procesos de desertificación social, con enajenación y degradación de recursos, desde hace varias décadas, pero acelerados en los últimos 10-15 años. Queda claro que tales factores no pueden ser abordados con meras medidas técnico-productivas. Frente a esta realidad y como sustento de esta ponencia, se propone un camino diferente cimentado a partir del Desarrollo local, inclusivo en capital social, humano y natural, además del físico. Tal camino podría aglutinarse -conceptualmente- en un “Pacto territorial”, para diferenciarlo del vigente “Pacto productivista”. Se trata de iniciar procesos de deconstrucción y construcción, en proa hacia una “Nueva Ruralidad” (Sili, 2004)[2], de perfil más humano y amigable con el paisaje y el ambiente.
En ese marco, un aporte interesante puede hacerse a partir de una selección y promoción de prácticas y sistemas rurales, con reconocida potencialidad en desarrollo local (DL), mejor-
ando la producción y los servicios ambientales (SA). El objetivo de la iniciativa consiste, en bonificar la adopción de buenas prácticas agronómicas (BPA) en sistemas productivos, priorizados por su mayor contribución al desarrollo local endógeno, desde una visión territorial. Teniendo en cuenta que la agricultura no merece un tratamiento sectorial y fuera de los contextos, a distintas escalas, se analizan los entornos como fundamentos e insumos para eventuales agentes, decisores y protagonistas de esta ponencia.
2.- Contextos
2 .1.- Global
Ya en 1987 la actividad y el consumo humano superó -en promedio- la capacidad de carga (biocapacidad) del planeta, en términos de uso de recursos y asimilación de residuos (www.panda.org). Esta ecuación sigue progresando negativamente, con el agravante del cambio climático (antrópico) y la pérdida creciente de biodiversidad, sin resolver los conflictos de alta inequidad social, intra e intergeneracional.
Son muchas las aproximaciones e interpretaciones que hoy se esgrimen acerca de la globalización: económicas, financieras, comerciales, políticas, comunicacionales o tecnológicas. Una visión alejada de estos “vectores específicos” opta por una aproximación crítica -a estos procesos- desde la perspectiva de la sustentabilidad del desarrollo. Dado que el capital se ha globalizado, pero no el trabajo y los recursos naturales, se cuestiona el modelo de un crecimiento económico ascendente e ilimitado. Más aun, en momentos que se agotan muchos de los recursos naturales y se debilitan procesos vitales para la estabilidad del ecosistema planetario (Guimaräes, 2002)[3].
El nuevo Desarrollo, coloca a las personas en el centro del proceso, más allá de los objetos (Max-Neef y col. 1994)[4], territorializando la sustentabilidad ambiental y social. En ese cometido, la Economía ecológica y la Ecología política -con sus dotaciones transdisciplinarias- se proyectan como herramientas fundacionales de una globalización inteligente. Para avanzar en esta dirección, se requiere promover competencias psicosociales, además de las técnicas, en la acumulación de capital humano. En particular “La formación ética, la formación en valores, la formación para el desarrollo sostenible, constituye una demanda cada vez más fuerte hacia el sistema educativo y -en especial- para la formación profesional…” (Mastache 2007) [5]
2.2.- Regional
El MERCOSUR representa una cierta integración económica, sin modificar los estilos de desarrollo imperante. Estos conllevan fuertes impactos ambientales negativos, sin lograr una caída en los índices de marginalización y pobreza. Por último, el deterioro clásico de los términos de intercambio se potencia con la exportación de recursos naturales y agua virtual que involucra, no contabilizados en los precios recibidos. Además, nuestras “ventajas comparativas” ya no se restringen a los productos primarios sino también y -especialmente- a la codiciada biodiversidad que cobija el subcontinente (Pengue, 2007)[6]. Los pasivos ambientales y sociales en curso, configuran la continuidad de una alta inequidad social en la región. Según Chomsky (2007)[7], “América latina lidera al mundo, en la desigualdad”.
En este panorama debemos agregar que salvo en Uruguay, el índice de democracia (ID)* y de confianza interpersonal (CI)*, oscilan por debajo del 50 y 20 %, respectivamente. Esto remite a la necesidad de una recuperación del rol ciudadano, combatiendo la despolitización y el consumismo inducido. De esta forma podríamos generar estrategias de desarrollo sostenible. Una interesante visión estratégica para el MERCOSUR, es la que propone un Regionalismo Autónomo. Tal modelo privilegia el comercio intra-regional, a partir de complementariedades productivas y ecológicas.
* ID: combina satisfacción y apoyo a un régimen democrático. CI: respuesta (%) que indican que se puede confiar en la mayoría de las personas. Latinbarómetro (2000), citado por Gudyans, 2002[8].
En este marco, luego de garantizar su Seguridad y Soberanía Alimentaria, exportaría -
selectiva y progresivamente- los excedentes (Gudyans, 2002)[9]. Por último, los gobiernos de la
región deberían dar gran impulso, en línea con la problemática global, a la generación de una Ciencia y Tecnología para el Desarrollo Sostenible (CEPAL, 2003)[10].
2. 3.- Nacional
Argentina esta creciendo, económicamente, a tasas relativamente altas y con estabilidad en el tiempo. Esto alivia las cuentas nacionales, generando mayor empleo y consumo. El tipo de cambio adoptado, la exportación de comodities (con buenos y firmes precios internacionales) y el turismo, aparecen como los aportes más visibles de este proceso. El escenario tiene un correlato positivo en parámetros macroeconómicos, pero mantiene varias asignaturas internas sin resolver, en áreas sociales y ambientales.
Contrariamente a lo que se suele suponer o pregonar, el nivel de exportaciones no se correlaciona con el Desarrollo: los países más evolucionados exhiben los menores índices. Esto significa que “La base sólida sobre la que se asienta una nación o territorio es más la articulación del tejido productivo interno que una mayor exportación” (Albuquerque, 1999 a)[11]. Resulta muy necesario acordar un significado unívoco de ciertas palabras. Más aun si convenimos que el lenguaje dominante es el que operativiza, finalmente, la realidad (Max-Nef y Elizalde, 1990)[12], citado por Capalbo (2000)[13]. Es crucial, por ejemplo, no confundir modernización con modernidad (Albaladejo, 2004)[14] o crecimiento con desarrollo.
La diferencia entre Crecimiento y Desarrollo es un punto crítico que no se debe subestimar, como país y parte de la comunidad internacional. Resulta útil enumerar estas distancias, como insumo de un debate largamente relegado en el espectro político y mediático. Generalmente se tiende a aceptar que el crecimiento es una condición (necesaria) del desarrollo, pero eso no es riguroso. El nuevo paradigma (de sustentabilidad) pone de relieve que para que exista el Desarrollo son necesarios, más que la simple acumulación de bienes y servicios, cambios cualitativos en la calidad de vida y en la felicidad de las personas y de todas las personas. Otras demandas del Desarrollo, no contempladas en el crecimiento, se pueden resumir en los siguientes títulos (Adaptado de Guimaräes, 2002)[15]
· Mantenimiento de los recursos y procesos naturales
· Protección de la Biodiversidad, transitando del Antropocentrismo al Biopluralismo
· Promoción de la equidad social en todos los aspectos vitales y culturales
· Igualdad de géneros.
· Preservación de la socio diversidad cultural.
· Uso racional del patrimonio biogenético.
· Profundización de la democracia y construcción de ciudadanía.
· Recomposición del rol del estado, frente al mercado y la sociedad.
· Ejercicio de una nueva ética del desarrollo:
Tratando de ponderar estos atributos del Desarrollo, en el caso Argentino, nos encontramos con pasivos ambientales y sociales inaceptables. Una buena parte de ellos derivan del modelo de producción agropecuaria permitido. Si bien este proceso de deslocalización y concentración económica y humana se aceleró desde los años 90, tiene raíces históricas de muy larga data (Bunge, 1987)[16]. Tal diseño productivo generó una distorsión geodemográfica profunda que se proyecta como una disfunción estructural, en todos los órdenes de la vida nacional (Loewy, 2002)[17].
En el 2º plenario del Foro Nacional de la Agricultura Familiar (FONAF, 2006)[18] se menciona: “El hecho de que no se haya resuelto hasta el momento la implementación de ninguna política de Desarrollo Rural (DR) que trascienda los programas vigentes en la SAGPyA, debe tomarse como una oportunidad para poner en práctica una experiencia innovadora de participación plena de las organizaciones del sector en la definición e implementación de una política de Estado”.
2.4.- Zonal/Local
Ubicada en la zona más alejada de la capital administrativa, el SO bonaerense ocupa el sector -ecológicamente- más marginal (clima sub-húmedo seco y semiárido). La aptitud de los suelos remite a producción mixta, ganadero-agrícola o agrícola-ganadera, con restricciones en agricultura de verano. La operatividad de indicadores de sustentabilidad, de sus sistemas productivos, fue abordada en un proyecto interinstitucional (Krüger y col. 2007)[19].
La zona se vio expuesta, recurrentemente, a una agriculturización e intensificación (de cultivos anuales) excesiva. En los últimos 15 años, acompañados de mayor arrendamiento, ausentismo, contratismo, venta y concentración de tierras, siempre con deslocalización económica. Como corolario, asistimos a la declinación y perdida de pueblos pequeños y población rural (INDEC, 2002)[20]. Estos cambios se alejan de un paradigma de desarrollo moderno, y son la resultante de una visión lineal y unidimensional del territorio. Esto es, considerar la superficie como un mero asiento de actividad productiva, subalternizando todas las interacciones con la sociedad y el ambiente.
En este panorama, los eslabones más vulnerables lo constituyen los pequeños y medianos agricultores. Apuntalar este segmento humano y productivo, va mucho más allá de una cuestión humanitaria, que sería mérito suficiente. La idea es incluirlo como un imperativo del DL, cuya planificación debe regirse por una lógica territorial. El diseño externo del Desarrollo debe integrarse a una estrategia capaz de endogeneizar sus impactos, con protagonismo de los actores sociales locales (Di Pietro Paolo, 2000)[21]. En un Programa Nacional, el INTA describe los conceptos y estrategias de intervención que remiten a la multidimensionalidad de los procesos de desarrollo, con vistas a lograr una “competitividad sistémica de los territorios” (INTA, 2007)[22].
Más allá de las necesidades de neutralizar y revertir las tendencias actuales del sector, el SO bonaerense o la sexta sección electoral reúne holgados atributos zonales, provinciales y nacionales para pretender erigirse en una administración autónoma (Loewy, 2006)[23].
3.- Sistemas productivos y población-objeto
En el DL, el fomento del capital social, con población agraria en el medio, son elementos básicos de la ruralidad (Albuquerque, 2003[24]; Sili, 2005[25]), citados por INTA (2007)[26]. La impronta de los territorios rurales no puede sustraerse de la calidad de sus sistemas productivos, por todo concepto (Loewy, 2007)[27]. A partir de estas premisas y de los análisis previos, se propone un apoyo directo a las unidades que mejor expresen los cambios cualitativos hacia una “Nueva Ruralidad”. Tales sistemas, en la región pampeana, lo constituyen los productores agropecuarios pequeños y medianos, genéricamente involucrados en la denominada Agricultura Familiar (AF). Ella constituye, por si misma, una “...estrategia de transformación productiva con equidad, sustentabilidad ambiental y desarrollo territorial más equilibrado” (Albuquerque, 1999 a)[28]. Tal segmento, sin embargo, es el que viene sufriendo las mayores pérdidas y problemas para permanecer en el medio, en particular desde los años 90.
Esta ponencia no se enmarca dentro de un criterio de justicia o reparación, sino como una estrategia proactiva hacia el desarrollo regional, en armonía con objetivos provinciales y nacionales. En efecto, la permanencia de AF en el SO de la provincia de Buenos Aires, es deseable per se. Sin embargo, lo que se pretende es promover este objetivo con el valor agregado de lograr un mejor desempeño técnico y ecológico-productivo, en esas unidades. En una segunda etapa, habría que establecer un sistema de incentivos a los establecimientos con mayor escala (no cubierto en esta presentación), ponderando su performance ambiental, social y económica.
4.- Servicios Ambientales
Casi la mitad de la población esta involucrada en el llamado “metabolismo rural”, por el cual la sociedad se apropia de bienes y servicios de la naturaleza (Toledo, 2008)[29]. Se han definido 23 principales tipos de ellos, procedentes de 4 funciones ecosistémicas bien definidas: de regulación, de hábitat, de producción y de información (De Groot et al., 2002)[30], citado por Toledo (2008)[31]. Todavía, sin embargo, no están suficientemente reconocidas en la academia económica y en el imaginario público. Aunque no siempre es fácil lograr una valorización de mercado, a esas utilidades, importa comenzar a apreciarlas: “..una lógica elemental indica que si la ruptura de un servicio ecológico impone un costo ambiental que debería tener una penalización, su preservación debería plantear una oportunidad” (Carreño y Viglizzo, 2007)[32].
Ejemplificando, los ecosistemas proveen SA como provisión de bienes (alimentos fibras, medicinas, etc), regulación del medio ambiente (calidad del aire, del agua, control de la erosión del suelo, captura de carbono y mitigación de riesgos naturales), biodiversidad (conservación de especies y bancos genéticos) y espacios recreativos, culturales y de paisaje. Varios de estos servicios pueden ser mantenidos -en alguna medida- por los agroecosistema, según los estilos tecnológicos que se adopten.
Los SA no pueden ser independientes del funcionamiento de los ecosistemas (o agroecosistemas). Cuando estos se degradan, usualmente por intervención humana, cae la oferta de servicios. A escala predial, algunos aportes son menores, pero su agregación a nivel de cuenca, zona o región, son relevantes. Las BPA, además de tener impactos productivos y económicos a distintos plazos, mantienen o acrecientan los SA y deberán ser ponderadas y valorizadas en los sistemas productivos que las adopten. En Argentina existen proyectos y antecedentes legislativos, en esta materia (Milano y col, 2007)[33].
5- Buenas prácticas agronómicas
Se debe proceder a la definición de las tecnologías agronómicas que mejor contribuyan a una producción diversificada, con estabilidad físico-económica y protección de los recursos naturales. A su vez, varias de ellas, deben ser funcionales a la optimización de los servicios ambientales, actuales y potenciales, de dichos recursos. A modo de ejemplo se mencionan las siguientes prácticas
1. Labranza conservacionista (o siembra directa)
2. Uso del suelo dentro de su aptitud y vocación productiva
3. Producción mixta, ganadero-agrícola o agrícola-ganadera
……………………………………………………………
4. Rotación de cultivos, con alternancia de praderas y cultivos anuales
5. Realización de barbechos, en relación a una adecuada sucesión de cultivos
6. Conservación de forrajes, dentro del diseño de una cadena forrajera
7. Pastoreo rotativo, con uso de alambrado eléctrico
8. Estacionamiento del servicio y destete precoz
9. Atención sanitaria y compromiso con el bienestar animal
10. Gestión de la fertilidad de los suelos
11. Tendencia a una producción de moderados a bajos insumos
12. Manejo conservacionista de pastizales naturales
13. Forestación, con objetivos diversos
Las tres primeras prácticas se consideran básicas y no pasibles de bonificación. Representan el piso tecnológico para añadir -progresivamente- parte o el resto de las BPA. Los criterios para analizar el índice de promoción o jerarquías tecnológicas puede incluir, entre otros, los siguientes ítems: a) Producción, b) Conservación de recursos, c) Servicios ambientales, d) Costos y beneficios y f) Impactos sobre el sistema y g) Eficiencia energética. A partir de este análisis se deducen los coeficientes de bonificación respectivos.
6.- Implementación de la ponencia
6.1 Fundamentos
Los sistemas o tipos de empresas, predominantes en el medio rural, no son neutros al perfil de las comunidades que lo integran y los paradigmas de futuro que se plantean. El actual modelo productivista exhibe una serie de externalidades, más allá de su notable impacto en el nivel de exportaciones, la balanza de pagos o el superhábil fiscal. Tales externalidades (contaminación, éxodo rural o menor calidad de los alimentos) no se internalizan en la economía. Mas aún, es recurrente observar como se privatizan las ganancias, socializando los costos (Sarandón, 2004)[34]
Apostar a una nueva ruralidad, con visión territorial, implica aceptar otras funciones de la agricultura (Multifuncionalidad), además de las productivas. Ellas son, salud y bienestar, cultura, naturaleza y paisaje, ambiente, ingreso y empleo (Vereijken, 2002)[35], citado por Carreño y Viglizzo, (2007)[36]. Tales funciones pueden aceptarse como externalidades positivas. Algunas son esenciales y deben ser remuneradas por el mercado y la gestión pública (Albaladejo, 2004)[37]. La acción de dar valor a los bienes que el ecosistema brinda, excede el plano económico para transformarse en una cuestión de supervivencia de la sociedad (Carnevale, 2006)[38].
El apoyo a la AF es un paso relevante, en esa transición y co-evolución con otro tipo de empresas, en línea a un proyecto de desarrollo nacional, vinculante. La presente ponencia es solo un aspecto que puede contribuir a esta dirección, a la espera de otras medidas más estructurales, de mediano y largo plazo. Además de los beneficios a determinados agricultores se pretende contribuir a la instalación de una agenda de desarrollo local y la institucionalidad que conlleva.
Desde lo técnico-productivo, la AF moderna, con jerarquización de la profesión, puede competir ventajosamente con la agricultura industrial, respondiendo a demandas, locales, nacionales y globales. La adopción de BPA avanza directamente en ese sentido, pero en un contexto donde las redes de cooperación y asociación se exhiben como recursos para potenciar los capitales apreciados por una comunidad estable.
Se trata, en resumen, de escoger una ruralidad, con identidad y valorización de los patrimonios rurales, ya que sin ella no hay Territorio ni Desarrollo (Sili, 2004)[39]. Dicho de otra forma, frente al “espacio” como contexto geográfico se contrapone el “territorio”, como actor del Desarrollo (Albuquerque, 1999 b)[40]. La AF, en ese marco, más que una política diferenciada demanda una política de Estado, que reconozca su rol sustantivo en la tarea. -
6. 2.- Estrategias
A partir de una sólida convicción, los caminos para concretar acciones son variados. Como premisa inicial se propone rescatar el principio de susbsidiariedad. Según el, las decisiones se deben tomar desde el nivel más bajo, mientras no requiera acciones del nivel superior. La figura se torna “activa” a través del diálogo vertical ascendente, que se complementa con el descendente. Esto genera autonomías, corresponsabilidades y construcción de confianza (Calvani, 1982)[41].Tal principio es coherente con una mayor visibilidad y protagonismo del tercer sector (la sociedad civil), frente a la preponderancia creciente del Estado (Gobierno) y el Mercado (Migliaro, 2000)[42].
Institucionalmente la propuesta puede viabilizarse por el Proyecto de Desarrollo del SO bonaerense. Esta sería la vía natural, ya que comparte objetivos y cuenta con las estructuras de representación. En segunda instancia -o simultáneamente- se puede incorporar a los programas trazados en los foros nacionales de AF (FoNAF, 2006/07/08)[43]. Por último, preferiblemente incluyendo una o dos de las instancias anteriores, no pueden dejar de protagonizar estas medidas (en orden al principio mencionado) la sociedad local y sus instituciones (municipios, gremios, cooperativas, INTA, Universidad, etc.).
Desde el punto de vista de los recursos económicos, salvadas las cuestiones conceptuales e institucionales, estos deberían surgir por añadidura. No cabe aquí hacer ningún cálculo ni propuesta concreta ya que son los propios actores quienes deben decidirlo. Solo cabe mencionar que no, necesariamente, se depende de fuentes externas. Por ultimo, es útil consignar que no se trata de un gasto sino de una genuina inversión y que las cálculos tradicionales de costo – beneficio (crematísticos y de corto plazo) se deberían reemplazar por enfoques multicriteriales que contemplan todas las dimensiones territoriales, con implicancias nacionales y globales, en distintos plazos (Falconi y Burbano, 2004)[44].
6.3.- Aspectos operativos
Se requiere el trabajo de un pequeño grupo interdisciplinario e interinstitucional a los fines de considerar los siguientes insumos de implementación:
a) Protocolización y ponderación de las BPA.
b) Obtención base de datos y diagnóstico de población-objeto.
c) Definición criterios de priorización de unidades, si fuera necesario.
d) Diseño de asesoramiento técnico y monitoreo de las unidades promocionadas.
e) Alternativas de escala y plazos de aplicación. Recursos y evaluación.
f) Propuestas de difusión y financiamiento.
7.- Conclusiones
El Desarrollo local, con enfoque territorial, demanda la permanencia y recuperación de la Agricultura Familiar, como elemento dinamizador de este proceso, en el SO bonaerense.
La promoción de estas unidades productivas, con atributos para el desarrollo local, implica un aporte inestimable al ordenamiento territorial y geodemográfico, con proyecciones a distintas escalas.
Las buenas prácticas agronómicas -en ese contexto- además de estabilizar la producción, permiten mejorar los servicios ambientales, contribuyendo a los esfuerzos para instalar una nueva ruralidad, con valorización de la diversidad biocultural, el paisaje y la seguridad alimentaria.
[1] Carlsen, L. “ The agrofuels trap” AMERICAS PROGRAM SPECIAL REPORT. Año 2007
[2] Sili, Marcelo. La Argentina Rural. De la crisis de la modernización agraria a la construcción de un nuevo
paradigma de desarrollo de los territorios rurales.. Ediciones INTA. Buenos Aires. Año 2005. 111 pp.
[3] Güimaraes, Roberto. “La ética de la sustentabilidad y la formación de políticas de desarrollo”. En Ecología
Política, Naturaleza, Sociedad y Utopía. Año 2002. pp 53-82.
[4] Max-Neff, M.; Elizalde, A. y M. Hopenhayn, Desarrollo a escala humana. Icaria. Barcelona. Año 1994
[5] Mastache, A.. Formar personas competentes. Desarrollo de competencias tecnológicas y psicosociales. Ed.
Noveduc. 2007.
[6] Pengue, Walter. “Curso virtual de Economía Ecológica”. CLASE Nº 9. GRUPO DE ECOLOGÍA DEL PAISAJE Y
MEDIO AMBIENTE. Ecoportal. Buenos Aires. Año 2007. 13 pp.
[7] Chomsky, Noam. “América Latina es el hogar de los movimientos populares más significativos del mundo”.
Entrevista de Fernando Bossi. Internet. Año 2007.
[8] Gudynas, Eduardo. “La ecología política de la integración: reconstrucción de la ciudadanía y regionalismo
autónomo”. En Ecología Política. Naturaleza, Sociedad y Utopía. Año 2002. pp. 137-152.
[9] Gudynas, E.. Op. Cit., p.#
[10] CEPAL. Serie seminarios y conferencias Nº 25. “Ciencia y tecnología para el desarrollo sostenible: una perspectiva Latinoamericana y Caribeña”. Año 2003.
[11] Alburquerque, Francisco. “Identidad y Territorio”. En Globalización, Desarrollo local y redes asociativas. Compilador Mario Cesar Elgue. Ed. Corregidor. Buenos Aires. Año 1999.
[12] Max-Neff, M.; Elizalde, A.. Sociedad civil y cultura democrática, mensajes y paradojas. CEPAUR. Santiago
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[13] Capalbo, L. “ Desarrollo: del dominio material al dominio de las ilimitadas potencialidades humanas”. En El resignificado del desarrollo. Fundacion Unida. Año 2000. . Pag 17-57
[14] Albaladejo, CH. “Innovaciones discretas y reterritorialización de la actividad agropecuaria en Argentina, Brasil y Francia”. En Desarrollo local y nuevas ruralidades en Argentina. Co-edición U.N.S, INRA-SAD, Meditations, IRD/UR 102 y Dynamiques Rurales. Bahía Blanca, Argentina. Año2004. pp. 369-412
[15] Güimaraes, Roberto. Op. Cit., p.#
[16] Bunge, Alejandro, E. Una nueva Argentina. Ed. Hyspamerica. Año 1987. 519 pp.
[17] Loewy, Francisco. La Encrucijada: Argentina y su reencuentro con el futuro. Ed Dunken. Año 2002
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[18] FONAF. Documento aprobado por el 2º Plenario del Foro nacional de la Agricultura Familiar. Buenos Aires –
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[19] Krüger, Hugo y Colaboradores. Proisus. “En Pro de un diagnóstico de la sustentabilidad de empresas agropecuarias.” V JORNADAS INTERDISCIPLINARIAS AGROPECUARIAS Y AGROINDUSTRIALES. UBA. Buenos Aires. Año 2007.
[20] INDEC. Censo nacional agropecuario. Año 2002.
[21] Di Pietro Paolo, Luis José. “Hacia un desarrollo integrador y equitativo: una introducción al desarrollo local. “Internet”. Año 2000. pp. 12 - 49.
[22] INTA. “Enfoque de Desarrollo territorial”. PROGRAMA NACIONAL DE APOYO AL DESARROLLO DE LOS TERRITORIOS. Documento de trabajo Nº 1. Año 2007 .18 pp.
[23] Loewy, Tomás. VI jornadas interdisciplinarias del SO bonaerense. U.N.S. “Sudoeste Bonaerense, una provincia: vigencia de una idea centenaria”. Bahía Blanca. Argentina. Año 2006. pp 445.
[24] Alburquerque, F “Planes de desarrollo sostenible en los parques naturales de Andalucia. Aproximación conceptual y metodológica”, INSTITUTO DE DESARROLLO REGIONAL Y FUNDACIÓN UNIVERSITARIA. Sevilla. Año 2003.
[25] Sili, M. la Argentina Rural. De la crisis de la modernización agraria a la construcción de un nuevo paradigma de desarrollo de los territorios rurales. Ed INTA. Buenos Aires. Año 2005 pp.111
[26] INTA,. Op. Cit., p.#
[27] Loewy, Tomás. “Indicadores sociales de las unidades productivas para el Desarrollo Rural en la Argentina”. 3º JORNADAS DE LA ASOC. ARGENTINO-URUGUAYA DE ECONOMÍA ECOLÓGICA (ASAUEE). TUCUMÁN. En CD. Año 2007.
[28] Alburquerque, Francisco. “Identidad y territorio” En GLOBALIZACIÓN, DESARROLLO LOCAL Y REDES ASOCIATIVAS. Compilador Mario César Elgue. Ed. Corregidor. Buenos Aires. Año 1999.
[29] Toledo, V. M. “Metabolismos rurales: hacia una teoría económica-ecológica de la apropiación de la naturaleza”. REVISTA IBEROAMERICANA DE ECONOMÍA ECOLÓGICA. Año 2008. Vol. 7. pp 1-26.
[30] De Groot, R. S.; Wilson, M. A. y R. M. J. Bouman. “A typology for the classification, description and valuation of ecosystem functions, goods and services.” ECOLOGICAL ECONOMICS. Año 2002. Vol. 41 Nº 3:393-408.
[31] Toledo, V. M. Op. Cit., p.#
[32] Carreño, L y Viglizzo, E. “Provisión de servicios ecológicos y gestión de los ambientes rurales en Argentina”. Buenos Aires. EDICIONES INTA. Año 2007.68 pp
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[36] Carreño, L y Viglizzo, E.Op. Cit., p.#
[37] Albaladejo, CH. “Innovaciones discretas y reterritorialización de la actividad agropecuaria en Argentina, Brasil y Francia”.- En DESARROLLO LOCAL Y NUEVAS RURALIDADES EN ARGENTINA. Co-edición U.N.S, INRA-SAD, Meditations, IRD/UR 102 y Dynamiques Rurales. Bahía Blanca, Argentina. Año 2004.pp. 369-412.
[38] Carnavale, N.; Albanesi, E. ; Campagna, D.; Larripa, M y M. Pece. “ Valor económico de los servicios ambientales: ¿eje de una política agro-ambiental para el país?” REVISTA AGROMENSAJES DE LA FACULTAD UNR. Nº 19: pp. 23-27. Año 2006.
[39] Sili, M. E. “La reconstrucción de la Ruralidad en Argentina, Agenda para una política de desarrollo rural.” En DESARROLLO LOCAL Y NUEVAS RURALIDADES EN ARGENTINA. Co-Edición UNS; INRA-SAD; Meditations; IRD/UR 102 y Dynamiques Rurales. Bahía Blanca, Argentina. 2004. pp. 293-311.-
[40] Alburquerque, Francisco. Desarrollo económico local en Europa y Aérica Latina. Consejo superior de investigaciones científicas. Año 1999. 180 pp.
[41] Calvani, A. “Naturaleza y fines de las sociedades intermedias”. En APUNTES PARA LA FORMACIÓN POLÍTICA. Vol. 1 IFEDEC, Caracas. Año1982. pp.358-361.
[42] Migliaro, L. R. “La dimensión económica del tercer sector en América Latina” En El resignificado del desarrollo. Ed. Fundación UNIDA. Año 2002. pp. 233-252.
[43] FONAF. Documento aprobado por el 2º Plenario del Foro nacional de la Agricultura Familiar. Buenos Aires – Argentina, 17 y 18 de Agosto de 2006.
[44] Falconi, F. y R. Burbano. “Instrumentos económicos para la gestión ambiental: decisiones monocriteriales versus decisiones multicriteriales”. REVISTA IBEROAMERICANA DE ECONOMÍA ECOLÓGICA”. Año 2004. Vol. 1: pp.11-20.
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